TEXTOS-FILOSOFIA-VIDA

I shin den shin 

En el zen se cuenta a menudo la siguiente historia. Un discípulo llevaba 4 años practicando con un maestro, sin que este durante este tiempo le hubiera hablado, más que lo estrictamente necesario para la convivencia.

El discípulo ávido de lecciones y no pudiendo aguantarse más se dirigió a su maestro: “llevo cuatro años con usted y todavía no me ha enseñado nada”. El maestro sorprendido y sin poder dar crédito, le contestó: “en estos cuatro años no he parado de enseñarte. Es que no comprendes que la actitud es la mejor enseñanza”.

La actitud es la mejor enseñanza, eso no significa que no haya que hablar, pero no debemos olvidar que todas las palabras, toda expresión de una experiencia a través del lenguaje, es una reducción de esa experiencia, al nivel de los conceptos, que es el único que conoce nuestra mente. Y por tanto, ese terreno de los conceptos, está en los dominios de nuestro yo egoico-mental.

Como muy bien dice Jodorowsky; cuando hablamos, la mayoría de las veces, lo hacemos solo para escucharnos a nosotros mismos.

Tampoco debemos olvidar que cuando queremos expresar lo que sentimos a través del lenguaje, en primer lugar tenemos que traducirlo a nuestra estructura mental, y a nuestra percepción de la realidad, normalmente errónea. Una vez reducida la experiencia y vocalizada, el oyente, a su vez, tiene que traducirla, una vez más, a sus esquemas mentales y a su propia percepción. Al final suele quedar muy poco de lo que queríamos decir, por eso es tan difícil comunicarnos realmente.

La única comunicación autentica se produce cuando el hablante y el oyente son capaces de captar la esencia de lo que se quiere transmitir. Y en ese momento ya no hacen falta tantas palabras.

I shin den shin, es una expresión del zen que se traduce del japonés por: “de mi espíritu a tu espíritu, de mi alma a tu alma”. Nos viene decir, que solo puede haber una comunicación autentica, de espíritu a espíritu. Por eso se dice que la transmisión de la vía, y de la sabiduría solo puede producirse en ese estado de comunión entre nuestras autenticas naturalezas.

“Ir, ir juntos, mas allá del mas allá, hasta la orilla del Despertar”

Estrofa del Hannya Shingyo, Trad. Maestro Zen Taisen Deshimaru

Dedicado a mi gran amigo BJ.

POEMA.

AUSENCIA DE TIEMPO (KLARO)

Ausencia de tiempo

Ausencia de espacio…

Todo pasa rápido… despacio…

Ahora te siento… hace años.

Me miras…te miro…

Te llevo… me llevas…

Me monto en tu sonrisa

Apagamos las velas

Todo es posible por que este momento ya fue

Y vino… y se fue… y vino… y se fue…

Y bebiendo vino depués de los siglos

Por mi pecho entro… se quedo… otra vez.

El principi…to, con la botella dijo adios

Pero firmando su despedida en un enjaulado Corazón

El cual… al pisar el mar la llave vio flotar

Y el movil… abrio de par en par.

No Caté a Cata… pa qué… ya la caté…en otra etapa

Hace siglos… me decía el mapa

El mapa de la vida, la vida de Cata

Ella… ya estaba en mi alma… con alguna errata.

Miedo de caer en en un amanecer

Miedo de caer en no ser

Miedo de ser

Miedo de tener miedo…

BiG FisH-TiM BuRtoN-Creatividad e ImaGInacIóN

Según se madura uno se vuelve más responsable, más consciente de la realidad que le rodea. Los avatares de la vida nos hacen militantes de la realidad más pura y dura, llegando a despreciar aquello que nos hace humanos y nos distingue del animal que anotómica y químicamente somos; LA IMAGINACIÓN. La madurez supone generalmente abandonar historias increíbles, donde hombres y mujeres extraordinarios hacen cosas imposibles por crear un mundo mejor. Hombres y mujeres que nos dejan habitar dentro de su pellejo y sentir por un rato como se sienten aquellos que son capaces de cambiar la realidad de sus prójimos para bien. Como se sienten aquellos que se ven envueltos en historias increíbles, rodeados de seres extraordinarios que nada tienen que ver con lo cotidiano, a veces tan gris que repele el color y la luz de lo diferente e imaginativo. A veces vamos más allá en nuestra cruzada contra ingenuidad imaginativa de la infancia y adolescencia. Si alguien por suerte conserva este don aun en edad adulta, lo despreciamos y tachamos de loco. Es como si la Nada oscura de la Historia interminable se abriese paso en nuestra cabeza y fuese invadiéndola desplazando de ella el arco iris de la Dorothy de Kansas, dejando tan solo espacio para el gris de la supuesta correcta forma de pensar y actuar de los adultos. Sin la imaginación solo somos peleles en manos del manto pardo de la mediocridad. Sin la imaginación nuestra vida se limitaría a nacer, crecer, reproducirnos y morir, como las cucarachas del anuncio. Hombres y mujeres, genios que no tendrían que morir nunca y permanecer como iconos para recordarnos que en la paleta de colores de la vida hay algo más que el blanco y negro. Genios reconocidos y anónimos que batallan por dar condición humana al pedazo de carne que somos y que luchan por abrirnos paso hacia mundos increíbles donde vivir nuestra verdadera conciencia. Que luchan por desenchufarnos del ritual al que nos sometemos al perder ilusiones y trasladarnos hasta nuestro propio pero desconocido universo. Son personas que tan sólo tienen como misión abrirnos los ojos a aquello que ni siquiera nosotros sabemos que queríamos. No lo harán conscientemente pero lo expondrán, y si nosotros llegamos a coincidir con ellos habremos tenido la suerte de poder optar a ello. Big Fish habla de todo esto, de gente extraordinaria, de la infancia, de la madurez, de cómo nacemos sabiendo y envejecemos olvidando. Un padre y hombre extraordinario, con una vida misteriosa y de cuento de hadas literalmente, conjuga sus quehaceres fantásticos con su vida cotidiana de padre, marido y habitante de la Tierra. Su hijo crece entre la realidad más pura y las historias de su padre. Increíbles pero con un lugar para la duda razonable de pensar si hay algo o nada de cierto en ellas o son mitad verdad mitad invención. La evolución a adulto del hijo y por ende la pérdida de ese gusto por lo extraordinario, ya que lo de ser genial no se hereda, hace que la desesperación llegue a su vida al comprobar que su padre, ni en sus últimas horas era capaz de reconocer la farsa de su vida y admitir lo irreal de sus historias. Un enfado y decepción que se a crecenta debido a que las historias no eran propiamente cuentos de hadas, si no historias increíbles sobre episodios de la vida de su familia. Cómo se conocieron él y su madre, el nacimiento de su hijo, los trabajos que había tenido, los amigos y gente que había conocido, etc … El hijo demandaba una verdad que el creía que se le estaba negando y que su padre se resistía a darle, asegurándole que cada frase que le había contado hasta entonces era verdad. Una relación en el que el amor de un hijo por su padre y de un padre por su hijo se ve puesto a prueba por la triste lucha entre la genialidad de unos pocos que viven su vida como realmente quieren y que son genios porque sí y otros que creen firmemente en la locura de estos y que no ven donde los increíbles triunfan y donde ellos fracasan. De otros que desprecian la vida de estos porque no se ajusta a los planes de la mayoría. Ni siquiera la envidian, pasaron de la admiración en la niñez al desprecio en la edad adulta, incapaces de entender que existen mentes maravillosas superiores al resto y que disfrutan en su vida mas que los demás en mil de las suyas. Los desprecian porque se apartan de lo común y no hacen intención de acercarse a ello. Al final y con su padre en el lecho de muerte algo en el interior del hijo se mueve para darle una última oportunidad a su padre. El amor y la admiración de aquel niño que escuchaba embobado las historias del padre golpean la conciencia del joven hijo y hacen que abra su mente por última vez al mundo de su padre. Una última oportunidad que será definitiva para convencer al hijo de que el mundo que creía invención de su padre no es si no más real y autentico de lo que el había vivido desde que el niño que llevaba dentro lo abandonó definitivamente. Es preferible una mentira brillante a mil verdades grises, aunque a veces ser realidad o ficción depende de los ojos con se mire. Dany Elfman nos presenta una banda sonora intimista que acompaña las escenas de manera sencilla, sin destacar con cortes rimbombantes que acaparen la atención, pero que fieles a la seña de identidad de Elfman son difíciles de ignorar.

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