HOY DÍA DE LA DANZA HABLAMOS DE CONTACT IMPROVISATION – UN MOVIMIENTO SOCIAL REVOLUCIONARIO

Hola a todos.

El contact fue para mi el primer contacto directo con la danza, y también la forma de expresión más cercana a la improvisación musical a través del cuerpo. Todo eso me llevo a practicarla e investigarla, asistiendo a clases, jams, y diversos festivales de Contact Improvisation, para de esa manera vivenciar y conocer de primera mano una de las modalidades, a mi forma de ver, mas libre, creativa, democrática, y expontanea forma de danza, en la cual se trabaja aspectos tan importantes como la comunicación y la escucha, entre otras cosas… y donde todos tenemos un lugar para bailar…

La música improvisada y el jazz tienen mucho en común con el Contact…la escucha, la comunicación, la interacción, y ser uno mismo en el aquí y ahora…básicamente la honestidad del ser… y no parecer.

 

Contact Improvisación es una exploración de las posibilidades del cuerpo que se mueven a través del contacto. Se comienza con unas manipulaciones en grupo basadas en técnicas de meditación en movmiento , abriendo la puerta hacia un espacio donde existe la posibilidad de encontrar otros cuerpos de una manera espontánea, creativa y no-jeraquizada. Los movimineots puedes ser tranqulos y meditativos, salvajes y atleticos, explorando las posibilidades de la pasividad, la liberación y la resisténcia con todo lo que implica.

Si bien el término “danza” lo tenemos asociado a un baile con sus reglas y a una disciplina que se ajusta a ciertos ritmos y pasos, la danza contact nos hace ser los dueños de nuestros movimientos.

En contact, lo importante es el otro y como reaccionamos frente a los movimientos de nuestr@ compañer@. Si bien se aprenden algunas técnicas con el fin de tener más herramientas y crear una danza más divertida, variada y con mayor exigencia física, lo más importante es que nuestros movimientos sean la respuesta a los movimientos del otro y viceversa, sin importar si están bien o mal.

Además, desde el punto de vista emocional, es una danza que nos ayuda a relacionarnos y a escuchar atentamente, para luego accionar. Algo que es aplicable a cada circunstancia de nuestra vida, porque todo el tiempo nos estamos relacionando y teniendo contacto con otros.

A nivel físico, desentumece los músculos y los fortalece. Las articulaciones también se ven favorecidas porque el movimiento es suave pero permanente. Con el tiempo lograremos una flexibilidad y elasticidad extraordinaria.

El hecho de estar en contacto con nuestro propio cuerpo y con el del otro, nos ayudará a desinhibirnos y a dejarnos SER.

Esta historia arranca allá por los años sesenta en aquel escenario en el que la contra-cultura norteamericana ponía de patas para arriba algunas verdades hasta entonces incuestionables, con todo tipo de experimentos sociales artísticos y culturales. Hijo de esta generación, Steve Paxton, bailarín de formación clásica y moderna, bailó durante años con Merce Cunningham. Parte de la banda del célebre “Judson Church Dance Theatre Proyect”, se volcó a la observación desprejuiciada del movimiento en el deporte, en las artes marciales (especialmente Aikido y el Tai-Chi) y principalmente en el hombre de la calle, para estudiar el común denominador en el movimiento…

Y el arte lo llevó a la ciencia, y allí se encontró estudiando los principios de la física, los reflejos y otras verdades que revelaban las nuevas tendencias de la kinesiología y disciplinas afines.

En el año 1972, como cierre de un curso en Oberlin College, Steve bailó con un grupo de hombres que durante diez minutos ejercitaron la entrea de sus cuerpos a las leyes de la física.

Esta “performance” se llamó Magnesium y fue la piedra fundamental del Contact Improvisación

Nancy S. Smith se encontraba entre la audiencia, y cuenta ella que terminada la performan se, y muy impactada por lo que había visto, se acercó a Paxton para ofrecerse en futuros experimentos que él quisiera realizar también con mujeres cosa que ocurrió pocos meses después.

Ese mismo año, 1972, Steve Paxton reunió a un grupo de atletas, gimnastas y bailarines para identificar mejor las variables con las que estaba trabajando. Durante quince días muy intensos en un loft de Nueva York en un clima de laboratorio entre alumnos y colegas, Paxton descansó en la preparación física del grupo para experimentar con audacia y sin otro plan en mente más que el de probar algo nuevo que iría a materializarse en una performance en el “John Weber Gallery” en Nueva York.

De esta experiencia Nancy S. Smith recuerda… “Pasábamos tanto tiempo del día rolando, desorientados, en contacto con los otros y entregando el peso. El hecho de estar simplemente trabajando sin ningún objetivo en particular nos daba una sensación de libertad para jugar. No te preocupabas si lo estabas haciendo bien o no, simplemente lo hacías… además, cada uno tenía una manera diferente de hacerlo –la gente que venía del “release” era suave, leve, muy sensible. Los más brutos –y yo seguramente era uno de ellos– rodábamos y chocábamos por ahí… Cómo convivir como grupo y cómo meverme de esta manera eran ideas igualmente nuevas para mí”.

No era totalmente original estudiar la incidencia del peso, el equilibrio o el contacto en la danza, pero sin duda la forma con la que el Contact encaraba esos viejos temas fue muy singular. Los vientos igualitarios de la época sin duda influyeron en esta etapa inicial, donde no había jerarquías o distinciones entre bailarines profesionales y amateurs; solamente hacia fines de los 70 cuando la forma se fue refinando y muchos empezaron a integrar el Contact en su práctica artística, sea en coreografía o formando compañías de CI, comenzó a sentirse esa diferenciación sutil.

Sin embargo el tiempo ayudó a dejar espacio para todas las expresiones que la forma fue adquiriendo y la manera en que ésta incidió en la coreografía, el teatro la educación, la salud y los estilos de performance.

Durante veinte años el CI se divulgó y sin duda influyó en la tendencia que hoy se conoce como “New Dance” en EEUU de NA y Europa. También es cierta la otra dirección: la indudable influencia que las corrientes artísticas y de pensamiento de la época tuvieron en el origen y desarrollo del CI.

Artículo de Vicky Abramovich

El Contact Improvisation desde sus inicios fue considerado por sus propios creadores como un movimiento social, y no solamente como una nueva forma de danza. Esto se debe al hecho de que el Contact rechaza desde el principio todos los tradicionalismos de las danzas conocidas hasta el momento, y busca romper con los roles sexuales, jerarquías, coreografías estructuradas, edad de los bailarines, habilidades o ámbitos de desarrollo. Busca romper hasta los conceptos culturalmente intalados de lo que era un bailarin. Esa idea de bailarín que tenemos incorporada en nuestro sistema, esa concepción de que bailarín es aquel o aquella que baila en un escenario ¡y que estudia desde los 4 o 5 años! El Contact planteó “a prepo” un concepto de bailarín más que revolucionario: “Bailarín es el que baila”. Muchos han reprimido las ganas de bailar, se han perdido esos rituales de bailar por bailar, simplemente por pensar que tendríamos que haber empezado mucho antes.
Otro de los quiebres producidos por el Contact fue en la tiranía del “No Tocar” que se encuentra volando en el aire desde siempre. ¿No tocar? En esta danza se incorporan desde los sutiles toques hasta LA ENTREGA COMPLETA DE TODA LA MASA CORPORAL SOBRE EL OTRO. Contactar en tal magnitud fue etiquetado de “manoseo”. Es un tabú, es prohibido, es demasiado audaz. Danzas como el ballet o la danza contemporánea (sin criticar su belleza) se centran principalmente en el trabajo con uno mismo, en la belleza de las figuras en solitario. El Contact catapultó esas figuras y elimina “lo bonito” para deformarlo y transformarlo en AUTÉNTICO, en propio, en irrepetible en cada pieza. Y para no ser menos, también arrasa con las coreografías super programadas y estructuradas como forma de espectáculos conocidas hasta el momento. En el Contact Improvisation no hay coreografías, solo hay improvisación. Las performances son puramente improvisadas por los bailarines en contacto cada segundo que estén sobre el escenario. Pone VIDA a los bailarines destrozando sus pilotos automáticos.
En conclusión: ya tuvimos cientos de años de danzas bonitas, con cuerpos pequeños y bellezas en las posturas y los vestuarios. Ya tuvimos cientos de años de hombres bailando con mujeres ejerciendo el rol de poder. (¿Hombres bailando con hombres? ¡Que horror! Solo al Contact se le hubiese ocurrido). Busquemos ahora encontrar un movimiento propio, un movimiento natural, un movimiento que nació con nosotros, con la forma de nuestro cuerpo sea cual sea, distinto a todos los demás, con habilidades distintas a la de los demas. Busquemos lo instintivo, volvamos a la naturaleza animal, ya la tenemos, vayamos a buscarla y pidamosle que vuelva. Bailemos. Todos podemos ser bailarines.

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